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¿Qué es la Novena?

La Novena en honor a Cristo de la Esperanza es una práctica de piedad popular mediante la cual los fieles se preparan durante nueve días consecutivos para contemplar a Jesucristo como fuente de esperanza para el cristiano, fortalecer su fe y presentar ante Él sus necesidades, sufrimientos y anhelos, pidiendo que la esperanza le ayude a ver el sufrimiento con ojos nuevos.

Nacida de la devoción a Cristo de la Esperanza, venerado en nuestra Básica Menor Jesús, María y José de Quimbaya, esta novena busca ayudar a los creyentes a descubrir que la esperanza cristiana no es un simple optimismo humano, sino la certeza de que Cristo camina con su pueblo, sostiene a los que sufren y abre caminos donde parece no haber salida.

Contenido de la Novena

A lo largo de los nueve días, los participantes son invitados a profundizar en distintos aspectos de la vida cristiana:

Autoría

Escrita por el padre Ferney Alonso Castañeda Marín, doctor en teología y actual rector de la basílica, y con aprobación eclesiástica, consta de una oración inicial, la consideración del día, los gozos y la oración de consagración final.

Así se pretende presentar el Cristo de la Esperanza como signo de la presencia amorosa de Dios en medio de las dificultades humanas.

Cuándo se Celebra

Esta novena se celebra habitualmente del día 24 al 2 de cada mes, culminando con la Eucarística solemne del día 3 y la veneración de la sagrada imagen.

Para muchos fieles y peregrinos constituye un verdadero itinerario espiritual que les permite renovar su confianza en el Señor y experimentar que, aun en las circunstancias más difíciles, Cristo sigue siendo nuestra esperanza.

"La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo" (Rm 5,5).

Fragmento de la Novena

"Cuánto quisiera, oh, Cristo de la esperanza, tener siempre mi mirada con la tuya, mirando a la eternidad: allí donde no hay tristezas ni dolores, ni es necesaria luz de lámpara ni de sol, porque tú eres la luminara.

En medio de mi noche oscura, se me dificulta levantar la mirada para contemplar lo que recogeré como fruto de mi paciencia.

Acrecienta en mí, Señor, la esperanza y la paz espiritual; es decir, aquella certeza de que el Padre tiene todo bajo control y de que no habrá nada que no sirva para mi edificación espiritual.

Cristo de la esperanza, yo te amo.
Cristo de la esperanza, yo confío en ti.
Amén.